"BARNABITAS ESPAÑA"


SERMON QUINTO

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EL QUINTO MANDAMIENTO [121]

IC. XC. +

Naturaleza de las pasiones{177}

     Queridos:

1.  La experiencia diaria demuestra que las pasiones e inclinaciones naturales (como tristeza, gozo, ira y amor, etc.) se encuentran comúnmente en todos los hombres; y -al considerarlas y catalogarlas como naturales, y derivar de esa misma naturaleza como en la mayor parte y comúnmente se ve acontecer en cualquier ser creado- sería injusto[1] o ignorante catalogar dichas inclinaciones y pasiones como feas o malas; porque, al ser naturales y por consiguiente de Dios, culparía a su Autor: lo que nadie osará decir más que un atrevido, temerario y grosero.

     Que la misma Bondad quiera el mal, que la profundidad de la Sabiduría no conozca (sepa), que la Omnipotencia no pueda, no puede caber en la imaginación de una criatura que tenga sesos[2](piense).

[122]  El padre da pan y no piedra(s) a sus hijos; pescado y no serpientes (Mt. 7, 9 ss.). {178} Y Dios que creó el universo[3] para el hombre, y al mismo hombre a su imagen y semejanza (Gen. 1, 27) y, capaz de alcanzar la felicidad, y además envió a su Hijo para la salvación del hombre, tomando apariencia de siervo (Flp. 2, 7), y lo entregó a (una) muerte cruel en sustitución del hombre (Rom. 8, 32); ¿cómo daría al hombre, y más (inseriría) lo insertaría en él, el principio del mal, la ruina y la muerte? Nadie, en su sano juicio[4], lo podría creer.

     Como tampoco podría creer que Aquel que enseña (da) a todo hombre la ciencia (Sal. 94, 10) y lo ilumina, por sí solo se equivocara y no supiera conducir su obra a la perfección.

     ¿Acaso no lo puede? Pero si pudo resucitar a los muertos, iluminar (dar la vista) a los ciegos, y con solo abrir la boca[5] someter y doblegar toda criatura celestial, terrenal e infernal (Flp. 2, 10; por eso no se puede afirmar que tales inclinaciones sean malas.

 [123] 2. ¿Quieres creerlo, querido? Es sentencia  (un dicho) común y así se expresa el pueblo[6] que los impulsos instintivos[7] no están en poder del hombre; es más bien una disculpa para los viciosos. Si fueran malos, el hombre no merecería castigo, ni alabanza o  (, ni) premio.

     ¿Quién fue condenado por sentir deleite  (placer) al gustar un alimento bueno y bien aliñado? ¿Quién no se turbó y entristeció, al presentársele un gravísimo {179} peligro o ruina? Bien merece alabanza, si tiene tal mortificación[8] que incluso (y) esos primeros movimientos nunca o raras veces le sobrevienen.

     Pero sí es alabado o censurado por el efecto bueno o malo que se derive de los primeros movimientos. Fue alabado Cristo cuando, al ver aquella pobre madre de la ciudad de Naím, viuda y despojada de su hijo, se entristeció y se movió a compasión (Lc. 7, 13); lo mismo por el duelo (el luto y el llanto) de las por él queridas y afligidas hermanas de Lázaro, eso es (es decir) María Magdalena y Marta, por cuya aflicción lloró (Jn. 11, 33). Lloró [124] también sobre la ruina de Jerusalén (Lc. 19, 42). ¿Y además no tuvo compasión por aquellos (pobres) que le seguían, para que no perecieran de hambre? (Mc. 8, 2).

      ¿Quién podría reprocharlo por ésto? Nadie. Merece alabanza la alegría de Zaqueo al recibir a su redentor, quien tan humanamente se invitó por su cuenta a su casa (Lc. 19, 5). ¿Y ese padre de familia, al recibir al hijo pródigo, no dijo acaso: "Oportebat gaudere, pues lo había perdido, y lo he encontrado: perierat, et inventus est"? (Lc. 15, 32).

      ¿Quién no alaba a Nuestro Señor, cuando hizo un látigo con cuerdas y echó a escribas y fariseos? Dice el {180} Evangelista: "Los Discípulos se acordaron que el Profeta (Sal. 69, 10), al hablar de Cristo, dijo: Me devora y consume el celo de tu casa" (Jn. 2, 15). ¿Y quién no alaba al Santo Autor de nuestra salvación cuando reprendía severamente a aquellos mismos escribas y fariseos? (Mt. 23,13 ss.).

[125]   Haciendo reseña, querido, de las gestas de Cristo y de los Santos, encontrarías infinitos ejemplos dignos de alabanza, en los que se ejercitan las pasiones para honor y alabanza de Dios y de los hombres, como para utilidad común o propia.

      Fue alabado Finjás (Fineés) cuando, al ver al pueblo prevaricar en el desierto, vengó a Dios, matando a los prevaricadores (Nm. 25, 8). Fue alabado Moisés cuando mató al egipcio que oprimía a uno de los hijos de Israel (Éx. 2, 12). Fue exaltado Saúl cuando, al oír la noticia del sitio de los de Najás Galaad, movido por el Espíritu, desenvainó la espada y, partiendo un buey por en medio, dijo: "Quien no me seguirá etc." (1Sam. 11, 7).

      ¿Qué fue más celebrado que la ira de David cuando, burlado por los hijos de Semeí y queriendo vengarlo los hijos de Sarvia, proclamó airado contra el enojo de los hijos de Sarvia: "Quis mihi et vobis, filii Sarviae, etc.? Si etc, quanto magis Filii Jemini, etc." (2 Sam. 16, 10 ss.).

[126]{181} Lo que aquí se ha mostrado para las citadas pasiones, querido, podría aplicarse a las otras.

 3.  Por el contrario, piénsalo y hallarás que de las mismas pasiones derivan malos efectos.

      ¿No es reprochable la tristeza de Judas, de la que brotó la desesperación (Mt. 27, 3) y lo mismo de Caín (Gen. 4, 13) y la del mundo "que produce la muerte" (2 Cor. 7, 10), como dice el Apóstol? Está repleta de confusión la alegría de aquellos de quienes habla el Profeta: "Laetantur cum male fecerint etc.: gozan en hacer el mal, y se alegran en sus perversos propósitos" (Prov. 2, 14), como asimismo la de quien se esparce y se pierde en el placer, en la voluptuosidad de la carne, en el amor a los bienes y en (a) las cosas terrenales.

     Más bien, los consuelos espirituales, que el hombre debe apetecer (desear) con todo esmero (toda su fuerza), han de acogerse con discreción, pues, además de distraer al hombre en muchas bagatelas, lo hacen también incurrir (caer) en cosas perniciosas. Por eso decía el Sabio: "Cum consilio vinum bibe: el vino tómalo con medida" (Eclo. 31, 36), eso es (es decir) [126] la alegría espiritual. Y en otro lugar: "¿Hallaste miel? Come lo que te baste, no sea que, harto, tengas que vomitarla" (Prov. 25,  16).

{182} Esto no lo digo para (por) tí, querido; ahora no me entiendes; en otra oportunidad (en otro momento) entenderás mis palabras. Por eso procura alegrarte en Dios cuanto puedas (Flp. 4, 4) y ¡dichosos quienes se alegran en el espíritu y en su (el) corazón! Y Dios les (os) conceda saborear de una vez el verdadero gozo interior. Amén. Dios lo haga.

     Quiero dejar a tu consideración, pues son infinitos, los males que derivan de la pasión de la ira. Por ahora, esto te baste:

            -    la ira te separa de la contemplación de Dios;

            -    arruina a la vez tu vida corporal y espiritual:

            -    te vuelve (hace) imprudente, aunque -en la estimación (opinión) de los hombres- fueras el más sabio del mundo, pues "la ira confunde (pierde) a los prudentes";

            -    no te permite gobernar con justicia, pues "la ira del [128] hombre no cumple la justicia de Dios", dice el apóstol Santiago (Sant. 1, 20).

      ¿Qué más? Te despoja también de la gravedad (obligación) cívica, de la naturalidad en el hablar(del hablar con naturalidad), porque "el hombre iracundo actúa sin criterio".

      En una palabra: te empobrece de toda virtud y te hace esclavo de todos los vicios, presa de la confusión[9].

      Ves pues, querido, cuantos males produce la ira. Lo que ves en esta pasión aplícalo tú mismo al hambre de honores[10], {183} al amor de (a) los bienes terrenales, al deseo sexual (de la carne), al incentivo de la gula y a otras pasiones, y abiertamente reconocerás cuanta (la) ruina (que) traen si son mal gobernadas.

      Afirma, pues, querido: (que) estas pasiones en sí son buenas y pueden usarse para bien o para mal, al igual que los bienes y la sabiduría: por tanto, como los bienes y la sabiduría no pueden considerarse malos, tampoco las inclinaciones naturales.

 Las pasiones están sometidas al hombre

1.  Querido, ¿no está acaso en poder del hombre el gobernarlas [129] según le plazca (como quiera)? Efectivamente las puede gobernar después de los primeros movimientos (impulsos), y aún estos -si quiere- puede llegar a disminuirlos y amortiguarlos en tal forma que causen poco daño a los sabios y vigilantes.

      Más aún, es tal la excelencia del libre albedrío, por gracia de Dios, que el hombre puede convertirse en demonio o Dios, según le plazca (quiera). Dice Dios por boca del profeta David: "Yo dije: ustedes son Dioses e hijos del Altísimo" (Sal. 82, 6); e infinitas veces nuestros Santos han sido llamados y considerados como dioses en carne, como Pablo cuando arrojó la serpiente al fuego (Hech. 28, 5-6); o Judas y Simón, cuando {184} por su presencia los oráculos de los demonios no pudieron dar respuesta; y esto sucedió a miles de otros Santos.

     Peores que el demonio fueron (el) Faraón, y Antíoco que causó tantos males (1Mac. 6, 12) y muchos hombres más, tales como Simón Mago (Hech. 8, 9 ss.) y el mismo anticristo que querrá elevarse por encima[11] de Dios, ¡tanta será su malicia (maldad) y perversidad!

[130]   ¡Oh miseria y felicidad del hombre, si llegan a conocerla: pues está en su poder llegar a ser buenos o malos, según les plazca (quieran)! Esto te lo demuestra (dice) Dios abiertamente cuando afirma que el justo, si se aparta del buen camino y se vuelve malo, será juzgado por ello; y en cambio al malo, si se aparta del mal camino y obra el bien, se le usará misericordia y será perdonado (Ez. 33, 18-19). Y la Escritura cuando dice: "He aquí el fuego y el agua: tiende tu mano a lo que quieras" (Eclo. 15, 16); e  (y) "Dios hizo al hombre recto" (Ecl. 7, 29) y "lo dejó en manos de su propia conciencia" (Eclo. 15, 14).

      Lo mismo te enseña la Escritura en figura, cuando relata las palabras de Abrahám a Lot: "Mira, si te vas por la derecha, yo tomaré la izquierda; y si tú la izquierda, yo la derecha" (Gen. 13, 9) A través de esta figura no sólo te muestra {185} que está en tu poder elegir el mal o el bien, sino algo más, querido, es decir: está en tu poder hacer que el mal te sea útil y provechoso.

 [131] 2. ¡Oh, maravilla del arte excepcional de las cosas que hace Dios! El hombre es tal que con su libertad interior puede convertir el mal en bien para él! (su provecho!)

     Te lo indica Pablo: "Omnia cooperantur in bonum his, qui in propositum vocati sunt sancti:  todo se dispone para el bien de los que aman a Dios" (Rom.  8, 28); el mismo te dice que debemos tomar el camino del medio y, según dice el Sabio, no desviar(nos) ni hacia la derecha ni hacia la izquierda (Prov. 4, 27); algo más dice Pablo: "Vayan con las armas de la justicia et a dextris et a sinistris y, como él dice, per infamiam et bonam famam , ut seductores et veraces, ut cogniti et incogniti, etc.: a la derecha y a la izquierda, en la gloria o en la deshonra, en la mala o buena fama; considerados embusteros, aunque digamos la verdad; como desconocidos, aunque bien conocidos" (2 Cor. 6, 7).

     De los pecados cometidos o del bien omitido, el hombre saca un profundo conocimiento de su bajeza y miseria, hasta sentirse indigno de vivir y aún menos de hacer algo {186} agradable a Dios; de esta consideración nace una profunda humildad, cuya utilidad conocen cuantos poseen esta virtud.

      ¿Crees que le sirvió de algo a Antonio la amistad mundana? [132] Por ella -aunque se viese amado y frecuentado por todos a raíz de su sólida fama de santidad- huyó con algunos monjes a otros lugares, y ahí consiguieron muy admirable crecimiento (un gran provecho). Por el contrario, la enemistad y odio de los hombres determinó en (obligó a) Pablo, primer ermitaño, su fuga en el (a huir al) desierto: esto causó su salvación y la de muchos otros (lo que le salvó a el y a muchos otros).

      Y quien quisiera hablar del modo en que el bien y el mal son útiles a los amigos de Dios, hoy (aunque fueran cien hoy) (, aunque fueran cien,) no daría(n) abasto.

       Conclusión

     Concluye, pues, querido:

            -    si tanto es el poder del hombre que saca utilidad también (hasta) del mal;

            -    (y) si las pasiones son de tal naturaleza que algunos las ejercieron en (para el) bien, y otros en (para) el mal;

            -    y si son de Dios;

     ¿quién será (estará) tan loco que no quiera admitir que las pasiones están en el hombre {187} para su gran utilidad, y que el combatirlas y vencerlas [133] son su gran corona, y que no han sido dadas por Dios paras el mal que trae al hombre, sino por su gran bien?  (el mal del hombre, sino para su bien?

     En figura de esto Dios entregó a los Hijos de Israel en la tierra prometida a sus enemigos, a los que siempre vencía y siempre debía combatir (Jos. 23, 13), para que se viera si guardaban o no los preceptos de Dios. Lo mismo hizo Dios con las pasiones: las puso en el hombre para (su) utilidad suya. Si decide usarlas para el mal, haga como quiera: el daño será suyo.

      ¿Quieres ver, querido, por qué la Bondad de Dios puso en el hombre las pasiones e inclinaciones naturales que el hombre pervierte. Escucha y te lo diré[12].

      [137]


     [1] maligno

     [2] sentido y conocimiento

     [3] hizo los cielos y el universo

     [4] a no ser un loco

     [5] a la voz de su nombre

     [6] y hablar vulgar

     [7] primeros movimientos

     [8] si tiene así mortificada su carne

     [9] vasito lleno de turbación

     [10] apetito de la excelencia

     [11] más allá y por sobre

     [12] El Sermón está trunco. En el manuscrito autógrafo quedan en blanco las hojas 34r - 39v.

 































































                   
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