Diácono, sacerdote-coadjutor y
párroco, del uno de septiembre de 1980 hasta nuestros días, el tiempo que llevo
en la parroquia; mucho tiempo, sin duda, casi los recuerdos de los primeros
años se van difuminando, pero es difícil de olvidar las caras de todos los
colaboradores con los que he tenido la suerte de trabajar en la
construcción de esta comunidad cristiana: PP. Carlos, Colombo, Román, Justo, Mariano, Cosme,
Antonio, Vicente G., Vicente V.; además de un sin fin de nombres de laicos,
que sería muy largo de enumerar. A todos mi agradecimiento, pues de cada uno de
ellos algo o mucho he aprendido.
Desde los primeros años, tres
han sido, de las tareas que la comunidad parroquial desarrolla, las que he
tratado de animar: "Catequesis, Jóvenes, Misiones". Una vez
nombrado párroco en 1988, hay que añadir la de coordinar, junto con los padres
de la comunidad y el Consejo Pastoral, toda la actividad pastoral.
Resumir esta actividad durante
16 años se-ría muy largo y posiblemente aburrido, trataré de sintetizaría con
estos términos:
CATEQUESIS:
- CATEQUISTAS:
Reuniones, cursillos, programas, convivencias,
celebraciones, oraciones, colaboración.
- MISA
DE NIÑOS: Equipo, carteles, guiones, participación, monaguillos.
- PADRES:
Reuniones, puesta al día, escuela de padres, catecumenado de Adultos, lucha continua.
- SHALOM:
Jóvenes, Monitores, problemas, alegrías, fiestas, comunidad y catecumenados juveniles, convivencias, retiros, misas, acampadas
(camino de Santiago, Pirineos, Picos de Europa), Coro. Siempre empezar de
nuevo.
- AdCHA:
Misioneros laicos, mucho esfuerzo para conseguir ayudas, Brasil, Rwanda, oración profunda, convivencias,
desilusiones, ilusiones.
- CONSEJO
PASTORAL: Programación y animación: retiros, encuentros, vigilias,
celebraciones, peregrinaciones, viajes.
Todo
ello he tratado de llevarlo adelante, con mayor o menor acierto, a través de:
Un talante: apertura y acogida.
Una metodología: "Todos necesarios, ninguno imprescindible".
Hacia un fin: "Todos somos pueblo de Dios corresponsables en la construcción de la comunidad, hacia la
casa del Padre".
Pero
todo aniversario tiene, por otra parte, su peligro. Parafraseando al poeta, nos
puede venir la tentación de pensar lo de: "Como a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor" (Jorge Manrique), que encuentro en cierta
contradicción con el pasaje del Evangelio: "El que echa mano al arado y
sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios" (Lc. 9,62).
Nos
puede suceder lo que nos dice el Evangelio, "mirar hacia atrás",
recreándonos en el pasado; sin
darnos cuenta que el pasado es muy importante siempre y cuando nos sirva para
vivir mejor el presente y programar el futuro.
La celebración de las bodas de
plata de nuestra parroquia nos tiene que estimular para: "seguir
avanzando"; hay que aprender del pasado para comprometernos más en el presente,
de manera que podamos, como nos exhorta el Papa Juan Pablo II en su carta apostólica
"Tertio millennio adveniente", impulsar una nueva evangelización al
llegar el tercer milenio. "La iglesia también en el futuro seguirá
siendo misionera..., se impone la urgente tarea de ofrecer nuevamente a los
hombres y mujeres el mensaje liberador del Evangelio".
En este sentido, también
nuestro Arzobispo D. Antonio Mª Rouco, nos urge diciendo: "Mis queridos hermanos, necesitamos
escuchar una palabra que de' luz y calor a la vida, que la llene de significado
y le muestre el camino de su verdadera realización. La palabra que os anunciamos,
con la que Dios afirma su amor por nosotros, es su Hijo Jesucristo... esa es
nuestra tarea más apremiante en Madrid, la de toda la comunidad diocesana; el
anuncio de la Buena Noticia de Jesucristo, que es la Buena Noticia del valor y
la dignidad de todo ser humano" (Carta pastoral: evangelizar en la comunión de la Iglesia, nº 15).
Está claro que no es fácil
llevar adelante esta tarea, por las dificultades de la sociedad y el ambiente
en que nos ha tocado vivir, de manera especial, en este que llamamos primer mundo;
pero
no por ello debemos desalentarnos y arrojar la toalla, pues como nos dice en
el n0 23 de esta misma carta nuestro Arzobispo, no debemos contar
sólo con nuestras fuerzas: "No
es un secreto para nadie que en nuestras comunidades parroquiales, incluso
entre aquellos que trabajan activamente en la acción pastoral de la Iglesia, se
insinúa a veces cansancio y desánimo. Las causas son múltiples, dificultad del
ambiente, el antitestimonio de muchos de nosotros, la fragilidad personal, la
especial singularidad de este momento histórico, en el que una época parece ir
declinando. No os desalentéis. No midamos nuestras posibilidades según nuestras
propias fuerzas. No pongamos límites a la bondad y misericordia de Dios, que
nos ha dado a su Hijo, Triunfador del pecado y de la muerte".
Seguir avanzando, seguir
caminando, seguir construyendo, seguir adelante; ¿veremos el 50 aniversario?,
algunos sin duda sí; otros, Dios dirá; pero lo que se ha hecho, lo que
se hace y lo que se seguirá haciendo, todo debe ser, como decían nuestros
mayores para mayor gloria de Dios.
Concluyo con una frase bíblica,
siempre me ha ayudado, de manera especial
en los momentos de dificultades y desánimos, a seguir confiando "Todo
tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el cielo" (Ecle 3,1).
P. Victor Ruíz Herrero
Párroco