Cuando me pidieron que
escribiera unas breves líneas sobre la historia y devenir del grupo juvenil SHALOM, vinieron a la vez a mi memoria muchos
recuerdos distintos. Después de todo, son muchos años siendo parte de este
grupo, y me pareció que seria una tarea fácil. Ahora ya no me lo parece tanto.
SHALOM como tal grupo juvenil
tiene su existencia íntimamente ligada a la existencia de la propia parroquia.
Nadie puede negar que, desde que esta comunidad Bamabita se estableció en lo
que entonces era un pobre barrio del extrarradio de la capital, los jóvenes
siempre han sido parte importante y motor de la vida de nuestra parroquia. Yo
solo recuerdo aquellos tiempos vagamente, y más por recortes del Mundo
Barnabita que por memoria personal; pero conservo una especial sensación de
frescura, de que entonces se empezaba a hacer algo distinto, con ilusión,
ganas, y un proyecto por delante. Eran los tiempos en los que en nuestra
pequeña comunidad las Eucaristías se animaban con guitarras eléctricas,
baterías, música joven y mucho sentimiento de libertad.
Pero no quiero caer en la
tentación de defender el conocido adagio de que cualquier tiempo pasado fue
mejor... Cada tiempo tiene su identidad propia, y es sólo el sentimentalismo
que se esconde en las brumas de nuestros recuerdos el que justifica y alimenta
esa ilusión.
Por aquel entonces, SHALOM
tenía su sede en lo que ahora es el Club de Ancianos. El poco número de sus
miembros permitía que en aquel local se desarrollaran las actividades que desde
siempre han caracterizado y otorgado su personalidad propia al grupo; la importancia
de tener un entorno donde poder llevar a cabo estas actividades ha sido siempre
una de las claves importantes sin las que no se puede entender ni la historia
ni la evolución del grupo; ofrecer a los jóvenes del barrio un ambiente
propicio, fuera de la marginalidad que en muchas ocasiones nos rodeaba, donde
estos pudiesen encontrar un espacio de libertad, esparcimiento y desarrollo
personal en el encuentro con el otro y con Dios.
Con el paso del tiempo, y a
causa del aumento en el número de jóvenes que se acercaban movidos por sus
inquietudes a la parroquia en busca de una oferta distinta, el local se
trasladó al que actualmente ocupa la guardería. En esa etapa entré yo a formar
parte de aquella corriente de jóvenes que han ido dejando, durante tantos años,
su impronta en esta comunidad.
Por último, y parece ser que
definitivamente, SHALOM se instaló en
el local que entonces ocupaba
La
Colmena, el grupo de
monaguillos guiados por un viejo y querido amigo de todos nosotros, el p.
Colombo. Con esfuerzos y colaboración, muchas veces con más ganas que recursos,
el local se acondicionó poco a poco para acoger al grupo. Es éste el lugar que
actualmente ocupan los jóvenes con mayor frecuencia en sus actividades,
aun-que como ya sabemos, éstas se han extendido a todo el ámbito de la
parroquia y prácticamente en todos los niveles de actuación de la misma.
Desde que yo recuerdo, SHALOM siempre se ha articulado como un grupo
juvenil cristiano con una doble vertiente: desarrollo personal y religioso en
la fe. Esta es su razón de ser, y bajo esta idea es como se ha ido
estructurando a lo largo del tiempo; por una parte, en el aspecto lúdico
mediante la participación de los jóvenes en diversos grupos, según sus preferencias;
cultural, recreativo, bar, deportivo, etc... Y por otra, en el aspecto
religioso, en la integración primero, en un grupo religioso que sirviera de
nexo común a los distintos grupos catequéticos y de profundización en la fe que
existían en la parroquia (Confirmación, Catecumenados, etc.), mediante la realización de actividades en
común (Eucaristías,
Encuentros, Convivencias, Celebraciones Litúrgicas y Oraciones) y después, en el impulso que desde estas actividades
se intentaba dar a los jóvenes para que llevaran al ámbito de la comunidad
entera su presencia viva, tanto a nivel de animación litúrgica como en la participación
en grupos de acción concretos; Caritas, A.d.C.H.A., etc...
Sin embargo, no voy a
desperdiciar la ocasión que se me brinda, desde la perspectiva que da el
pasado, y desde las líneas que me animan a escribir, para aprovechar y hacer un
poquito de crítica constructiva.
Desde siempre, y por ende,
desde que yo o las muchas actas que conservamos de las reuniones del grupo a lo
largo de los años recuerdan, los jóvenes hemos pecado de una grave dolencia: la
inconsistencia. Cualquiera que, en el presente relea esos documentos, se dará
perfecta cuenta que las cosas que ocurrían hace diez o quince anos, se repiten
con una exactitud casi matemática en el presente.
Indefectiblemente, cada
comienzo de curso era un sin número de buenas intenciones, propósitos de
actividades y enorme cantidad de ideas y realizaciones que el paso del curso y
las muchas ocupaciones que abarcan los jóvenes de hoy y de ayer se en-cargaban
de reducir, en la mayoría de los casos, a eso; a intenciones sobre el papel. Y
es que los jóvenes siempre empezamos las cosas con muchos ánimos, pero, a mi entender,
nos desinflamos enseguida.
Posiblemente, sea por culpa de
nuestra propia juventud; puede que existan otras causas. Hoy, los cristianos
tenemos mucho más difícil que nunca combatir a toda esa serie de ofertas de
diversión y esparcimiento que ofrece nuestra sociedad. Siempre me he quejado de
que no sabemos hacer buen marketing, de que no sabemos vender bien nuestro producto.
Y efectivamente, no todo es tan
oscuro como parece. El hecho de la propia pervivencia del grupo y de que las
personas que por él han pasado, sigan de una forma u otra vinculadas a la
comunidad, indica que, a pesar de todos nuestros fallos, SHALOM ha conseguido hacer llegar a los jóvenes la
idea de que aquí había algo distinto, fresco, nuevo y que podía dar sentido a
sus vidas. Precisamente esa misma diferencia es la que nos hace fuertes, justamente
porque tenemos algo que ofrecer que nadie más tiene y estamos convencidos de
que es lo mejor; Cristo Resucitado.
Esto es lo que hay que intentar
transmitir a los jóvenes de hoy. Eso es lo que, durante tanto años ha logrado
transmitimos la Comunidad Bamabita que ha guiado nuestros pasos a los jóvenes
que aquí hemos dejado una parte de nuestras vidas, y a los que las continuarán
dejando.
La convicción de que, con tal
oferta a nuestro alcance, SHALOM seguirá siendo un grupo vivo, dinámico y en continua superación es la
que me mueve a afirmar que, a través de todas las generaciones podremos
repetir con alegría y esperanza nuestro lema:
¡Nos
llamamos Shalom, Nos llamamos Paz.!