(11 de junio de 1539)
Advertencia:
La
carta sale desde Guastalla, donde Antonio Mª atendía a una misión
pacificadora entre los ciudadanos.
Físicamente
lejano, esta presente entre los suyos con el pensamiento y el corazón.
Antonio
María escribe al joven co-hermano, Padre Bautista Soresina, todavía en los
primeros pasos en el camino de la perfección.
Abre
su ánimo apenado por las noticias que le llegan como una “cuchillada al corazón”.
Manifiesta, sin embargo, su confianza en la buena voluntad y en la capacidad de
reponerse del P. Bautista.
Al
P. Soresina que todavía no logra ver a sus Superiores con los “ojos de la
fe”, Antonio María le recuerda que la obediencia debe ser total, sincera,
luminosa. En todo superior hay que saber ver al mismo Fundador y en el Fundador
al mismo Jesucristo.
Las
palabras de Antonio María no caen en terreno pedregoso; darán fruto abundante.
El
Padre Soresina será un formidable misionero en Verona y el primer Vicario de
San Bernabé.
A
él –como fuente de noticias de primera mano- acudirán los historiadores de
los orígenes de la Congregación.
Destinatario:
A nuestro querido hijo, el P.
Bautista (Soresina).
JC.
XC. +
Querido hijo en Cristo, salud:
Habiendo recibido vuestra carta, os envió mi saludo y os escribo dos
palabras.
Mi deseo ha sido siempre verte progresar día a día, y cuando me ha
parecido que no has respondido completamente a mi deseo, aunque lo hayas hecho
por ignorancia, o por simple inadvertencia y no por malicia, para mi era una puñalada
en medio del corazón.
Más aún, cuando la falta la hubieras cometido hacia los otros, porque
me duelen más las imperfecciones cometidas a los otros que a mi; por el
contrario, recibo mayor alegría por los actos virtuosos hechos a los demás que
a mi. Y esto, porque aparece mayor virtud en ti cuando te gobiernas con la
virtud de la obediencia noble, la cual conserva el mismo fervor en ausencia o en
presencia, con otras personas como con sus Padres.
¡Cuanta alegría era la de Pablo, cuando decía que (los Corintios) habían
experimentado que había dicho la verdad acerca de Timoteo y Tito! (2 Cor. 7,
13-14). Así, si los otros os encuentran como personas sencillas, fervientes,
amantes del bien del prójimo, no asustados por el rumor de las pasiones o
tentaciones, sino conservando siempre la misma actitud, o bien cuando estáis
atribulados como cuando estáis tranquilos; si os encuentran como os he descrito
y recomendado, pensad que me daréis una gran alegría, pero haciendo lo
contrario me daréis aflicción y muerte.
Te diré unas palabras, amable señor Batista. Me he enterado, y no sin
gran dolor, que no usáis la misma sencillez con el P. Superior, que conmigo;
sino que actuáis con él con doblez. Lo que me ha traspasado el corazón y
hubiera sido peor, si te hubiese creído en todo.
¡Ay de mi!, ¿qué sería de ti si esto fuera verdad?, ¿de quién podría
gloriarme, si tu tuvieras este mal comportamiento?; ¿tú, a quien llevo en mi
corazón como aquel que debería proporcionarme toda clase de alegrías? ¡Pobre
de mi! si todos mis hijos tienen tan poco interés de contentarme, mejor sería
que jamás los hubiera parido, para que no degeneraran en hijos bastardos.
¿Qué hacías tú, Dionisio, que hacías tú, Timoteo, y tú Tito, con
Pablo?; vosotros no actuabais así, sino que llevabais el amor y la presencia de
vuestro Padre en vosotros y no teníais otro interés que el contentarle. ¡Ay
de mi, no es este mi caso!
¡Al menos si fuera otro el que me engañase! Mas el Señor Batista, al
que he confiado el cuidado de todo el Tesoro que tengo en mis manos, si me
hubiese hecho esto, sería para mi demasiado duro.
Te digo y te aseguro delante de Cristo, que si quieres puedes hacer que
yo viva contento, dándome esta alegría: que yo te vea correr recto y sencillo
con todos.
¿Qué ganas con hacerme sufrir?, ¿qué utilidad encuentras en
perjudicarte a ti y a mi?, ¿qué ganas si renuncias a tu progreso espiritual?
Yo te aseguro que el Crucifijo te llevará a tal grado de perfección, que los
demás hijos de Pablo Santo te tendrán santa envidia, con tal que quieras
contentarme y verme siempre en los demás.
Si en adelante no te veo cambiado en todo y caminar de esta manera,
-que siempre viéndome a mi o a un sustituto, veas en mi o en los otros a
Jesucristo en persona, pastor de tu alma; y así, procures actuar sincera,
humilde y virtuosamente hacia mi y hacia los demás como si lo hicieras con
Jesucristo-, no estaré contento de ti y pediré al Crucifijo que me lleve de
este mundo, para que no me vea nunca más en semejante aflicción.
Si fallas de ahora en adelante, me harías creer todo lo pasado, y a la
luz de tu comportamiento pasado, presente y futuro deduciré que Jesús quiere
que yo muera con hijos degenerados y poco auténticos.
Nada más, porque estoy seguro que aunque te hayas equivocado, y
equivocado por malicia, no te equivocarás nunca jamás, y serás leal y
sencillo con el P.Jaime Moriglia y con todos. Así te lo pido, por que de ti,
junto con los otros, depende todo mi bien.
Si quieres que yo crea que tu humildad se inspira en la caridad y en la
obediencia hacia mi y no en el resentimiento, sé humilde delante de todos y
progresa con los demás y rehuye estar apartado de ti mismo,
Recuerdos a mi querido Señor Dionisio (de Sesto), al fiel Juan Giacomo
(de Caseis), al humilde Francisco (Crippa) y al amante de sufrir el Señor Juan
Antonio (Berna); a mis cordiales Juan Antonio y Tomás (Dati), al infatigable señor
Camilo (Negri), al irritable Righetto (Ulderico Gropelli) y al sencillo Señor
Corrado (Bobbia).
Saluda también a Filippo y Jánico, al señor Modesto y señora, a
Bernardo (Omodei) y sus hijos, al sobrino de Juan Antonio (Berna), a mis amables
D. Baldassarre (Medici), a D. Juan Pedro Besozzi y a todos los demás.
En mi nombre pide la bendición a los Rvdos. Padres, al P. Propósito (P.
Jaime Antonio Moriglia) y a D. Bartolomé (Ferrari) a los que no escribo porque
el mismo Cristo les escribirá en sus propios corazones, ni me atrevo a
encomendarle alguna cosa, porque todo descansa sobre sus hombros.
Cristo realice en ti mi alegría.
Guastalla, 11 de junio de 1539.
Su Padre en Cristo,
ANTONIO MARIA,
sacerdote.